Jueces indígenas en Chiapas no procesan denuncias de etnopornos

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Los casos de indígenas tzotziles y tzetzales adolescentes, jóvenes, señoras y hasta mujeres de la tercera edad protagonizando videos pornos caseros, de todo tipo, en Chiapas, México, han causado gran cantidad de críticas en las redes sociales.

Enrique Pérez Gómez, director del Centro de Lenguas, Artes y Literatura Indígena, afirmó que las mujeres son grabadas contra su voluntad y, a pesar de que la mayoría se muestra sumisa ante las órdenes de los varones, ya se han registrado casos en que acuden a los jueces para que las apoyen exigiendo el respeto a sus maridos. Pese a ello, hasta el momento no hay investigación alguna en materia penal.

Llama la atención que los jueces indígenas en San Juan Chamula, en Chiapas, no sólo atienden asuntos de conciliación originados por divergencias políticas o religiosas, sino también divorcios causados por el mal uso de teléfonos celulares, con los cuales los varones graban a sus esposas teniendo sexo y luego los comercializan a través de bandas dedicadas a la piratería.

Pérez Gómez indicó que el consumo de pornografía por parte de los varones indígenas ha propiciado que éstos busquen imitar lo que ven en los videos y así obligan a sus mujeres a dichas prácticas y aprovechan para ganarse algún dinero vendiendo sus propias grabaciones caseras a personas que se dedican a la piratería.

San Juan Chamula es una población mayoritariamente indígena que se ubica a diez kilómetros de San Cristóbal de las Casas. Allí, la pobreza y la marginación son lacerantes y se considera una localidad peligrosa en la que muchos de sus habitantes andan armados. Son hoscos con los visitantes e, incluso, familias locales se han enfrentado por generaciones ocasionando violencia y muerte.

A nivel local, la producción de estos materiales es atribuida a un grupo conocido como “Chamula Power”, dedicado a distintos negocios ilícitos, desde la venta de droga con el permiso del grupo criminal Los Zetas, hasta la piratería y la producción de videos para adultos, que incluso graban en las calles con turistas que acosan a niñas por la vía pública y convierten luego en pornografía infantil.